El otro día me decias, muy acertadamente, que la vida es bella. Que la vida es bella. ¿Bella?
El otro día me decias, muy acertadamente, que la vida te trata mal. Que te trata mal.
El otro día me decias, muy acertadamente, que la vida es una caja de sorpresas.
No me digas nada más ya. ¿La vida? Pensamos en ella como en un ente, como un ser que nos condiciona. Nosotros vinimos, estamos aquí para reproducirnos, para sobrevivir, por nuestro instinto animal. Y seguimos aquí por ello. Somos nosotros los que hemos conseguido todo esto. Todo esto, lo malo y lo bueno. Nos hemos desarrollado, hemos crecido, somos curiosos, inventamos, sentimos, nos comunicamos. No llevamos nada aquí en la Tierra y lo hemos cambiado todo. Nos estamos destruyendo de la misma manera que construimos todas las cosas bellas. Le debemos todo a nuestro mundo. Al planeta. Pero no le debemos nada a la vida, ya que somos nosotros, eres tú, tu propia vida. Eres tu el que construye las experiencias, eliges las que quieres vivir, afrontas los problemas y todo ello te hace ser hoy quien eres.
Todos nacemos ya condicionados en muchos aspectos, es la forma de afrontarlos y crear otros nuevos la que nos define.
¿Qué estás haciendo TÚ para considerar 'bella' tu vida?
Soy una cosmopolita. Soy cosmopolita. Cosmopolita. Me gusta el ruido de las calles. Deseo incoscientemente las marcas. Consumo. Consumo. Ando y me enamoro. Contamino mis pulmones respirando la mierda que lanzamos a la atmósfera. Me pierdo andando. Consumo. Descubro. Me gusta descubrir. Rozo queriendo a gente por la calle. Ayer tiré el envoltorio de mi chicle al suelo, hoy me quejo de los que lo hacen. Consumo. Me siento en un banco de una calle. La gente pasa. Si es invierno hay vaho en las bocas. Me gusta el carmín en los cigarrillos. Consumo. Consumo. Grito sin sentido. Me levanto rapido y me siento. Pierdo el metro. Enciendo la televisión. A veces enciendo mi imaginación. Paso unas insatisfactorias vacaciones en el campo y me siento más sanote. Consumo. Miento. Consumo. Salgo por la noche a ver la luz de los locales. Clasifico a la gente. Pongo excusas. Consumo. Reciclo. Me muevo. Me río. Hablo. Conozco. Consumo. Hago locuras muy de vez en cuando. Cambio de opinión. Observo la lluvia desde la ventana. Salgo a celebrar la victoria. Bailo en la ducha. Me apunto a cursos que olvido. Consumo. Hago del aceite de oliva parte de mi vida. Recuerdo los ochenta. Bailo en el suelo. Finjo saber tocar la guitarra. Guardo silencio. Consumo. Admiro el arte. Me emociono. Lloro. Me maquillo sin tutoriales. Enciendo una vela olorosa. Coonsuumoo. Aplaudo y me levanto. Me sumerjo en una piscina. Pongo excesivas expectativas en excesivos tacones. Voy al baño. Consumo. Monto en bicicleta y me dejo quemar. Recojo hojas del suelo. Observo las luces navideñas. Como barquillos de chocolate. Los pájaros emigran sobre mi ventana. Consumo. Me siento en una silla de plástico. Idolatro a mi abuela. Hay cine de verano.
Ante todo, siento.
Siento. Vivo. Sonrio. Me emociono. Lloro. Me enfado. Deseo. Aguanto. Me dejo llevar. Tiro. Aflojo. Me rio. Gimo. Me confundo. Me sorprendo. Grito.
Soy una cosmopolita.
Hola de nuevo, telespectadores. Ultimamente me he puesto pesada con reflexiones, ¿no? Bueno, estoy rumiando alguna pequeña historieta, un relatillo, pero por ahora solo me salen momentos. Aún así, antes de nada, os dejo una pequeña cosilla:
MUERTE. Sí, muerte. Es aquello a lo que todos esperamos por una vida entera. Nisiquiera la esperamos voluntariamente. ¡Nisiquiera! Simplemente estamos obligados a caer en ella.
Ya hace un tiempo que le pregunté a mi abuela ¿le tienes miedo a la muerte abuela?. Tampoco se tomó mucho para responder, yo, yo esque estoy mayor. Yo esque ya he vivido tantas cosas. Yo ya no, simplemente acepto cómo es la vida. A todos nos llega algún día, ¿sabes?. Y es cierto que en aquel momento simplemente asentí, por educación, pero mi mente no tardó en desechar la conversación. Hasta que he vuelto a pensar en ello, si. Y qué cansada estoy de escuchar aquello de aceptar la muerte. Saber que viene. Convivir con ella. ¡Que sí, que sí!
Y no ha sido solo una vez las veces que me he acostado una noche cualquiera, en cualquier situacíon. He dejado la mente en blanco, en parte consciente y en parte inconscientemente ha sido realmente como si una OLA gigante se metiera dentro de mi cabeza, anegando al personal.
"Se va a acabar. Si se va a acabar. Y tu no lo vas a saber. Pero no se va a acabar esto, no. ¡Se va a acabar todo! Ya no estarás. ya no estarán. No habrá nada. NADA"
¡Terrible! Puede sonar como una chorrada telespectadores, pero es totalmente verídico,tanto que siquiera me voy a parar a jurarlo. Me autoasusto, evoco a el más remoto pesimismo, escondido en algún rincón de mi cuerpo. Y que quede la constancia de que yo no soy así, no, no. Pero he decidido plantarle cara a esto. No me doblaré a los pensamientos conformistas. Le tengo miedo a la muerte, si. Le tengo un respeto enorme. Y no quiero pensar en ella, porque nunca llegaré a aceptarla. Por muy correcta y necesaria que sea (y que lo es), no lo voy a aceptar. ¿Y quién no ha estrechado ligeramente la mano a la calavera? En un sueño o en una pesadilla. Perdiendo el conocimiento, o en una ahogadilla. Y yo digo, ¡que no, que no!, quiero exprimir mi vida, maldita muerte. Me auto- bautizaré como "La Vida Misma". Asi que, ya sabes, Muerte; nos veremos otro día. Uno (espero) muy lejano. Yo seguiré con lo mío. Buenas tardes.
Nunca he sabido responder bien a esa pregunta. Y ha sido formulada múltiples veces. MUCHAS. Pero con el tiempo una se da cuenta de pequeños detalles. No tuve que pararme siquiera a pensarlo, la respuesta vino sola, machacada con el tiempo. Qué se le va a hacer, ¿no? ¿Qué se puede hacer, despertando en una ciudad que no duerme por las noches? Una ciudad llena de luces. Una ciudad que no muere. Una ciudad de gentes, jet lag, ojeras y resaca los sábados y domingos. Con mil garitos siniestros y enormes calles iluminadas llenas de tiendas. Con un rastro que se despierta los domingos soleados. Discotecas cañeras, conciertos de todos los colores y parques para mañana y tarde. Museos impresionantes, arte, historia y tantos rincones por conocer. Que en ella puedes encontrar la paz y volverte loco. Joder, mi hotel siete estrellas que otros prefieren llamar Madrid.