Hay muchos libros, más películas y aún más personas que me hagan llorar, ya sea de pena, alegría o rabia; solo una canción.
Aun así me he emocionado con muchas canciones, solo una ha conseguido lágrimas. De alguna manera (y también condicionada por otros aspectos) me ha hecho pensar sobre las combinaciones, combinaciones de personas y tiempo. Cada vez que le doy vueltas por la cabeza me entra rabia de una manera injusta con el mundo. Solo pienso en un tiempo y unas personas. Ha habido muchos tiempos y muchas personas. Pienso aquellas que han firmado en la bibliografía de mi vida en un periodo de tiempo cerrado, o incluso de esas relaciones en las que no veíamos fin y se han acabado. Pienso y me agobio sobre la falsedad de ese tiempo entre paréntesis que hemos pasado con la gente equivocada en el momento equivocado, o tal vez acertado. Lo pienso y me da miedo creer que no me podré volver a sumergir en esa burbuja placebo espacio-temporal y que voy a tener que desarrollar una relación con aquellas personas que quiero inmortalizar en esas maravillosas situaciones. Y al poco tiempo del desarrollo de esa nueva fase de nuestra posrealidad, del estallido de la burbuja, de los buenos recuerdos, todo se empieza a bloquear con nuevos y no tan placenteros recuerdos. Cuando esa rutina se coloca como tapón sobre mis paréntesis, es entonces cuando odio al tiempo por pasar, por hacerlo a veces tan rápido y a veces tan lento y siempre pasar.